miércoles, 18 de mayo de 2011

*¡No les votes!

Fue esta mañana cuando descubrí la convocatoria hecha por los jóvenes españoles para el próximo día 15 de Mayo.

Han fijado esta fecha como primer ladrillo en la construcción de una nueva democracia. Creen que se pueden hacer las cosas bien, tienen esperanza y están dispuestos a manifestarse para gritar al mundo que no están conformes con el ejemplo dado por muchos adultos, y reniegan de aquellos que se han vendido al dinero.

Nos convocan a todos los ciudadanos, sobre todo, a aquellos que aún sentimos hervir la sangre en nuestras venas y creemos en la parte buena de todas las personas sencillas y libres.

Nos animan a salir a la calle para luchar codo con codo por una democracia real. Si sentís curiosidad, son muchos los videos que hallaréis en Youtube, en los que nos explican las razones de su llamamiento y se expresan con asertividad sobre lo que les indigna y les mueve a la acción.

Sus razones son hechos; sus armas: la palabra; su fuerza: la verdad; su objetivo: recordarnos a todos que sin nuestro voto, los mercaderes de la democracia no son nada.

Su convocatoria es pacífica, pero firme, serena, pero segura. Hablan de un cambio real, no de un cambio de partido. Denuncian los abusos de nuestros gobernantes de los últimos años, serviles esclavos del capital y del poder económico.

Nos recuerdan todas las medidas tomadas en contra de los ciudadanos y a favor de los privilegiados y están decididos a decir ¡Basta ya!

Dos lemas lanzados a la red, el lugar de reunión de los ciudadanos postmodernos, es decir, nosotros. El primero es contundente: ¡No les votes!; el segundo, proactivo: ¡Toma la calle! Ambas proclamas pretenden mover al pueblo hacia la protesta y la toma de posición.

Ojalá la respuesta sea grande y pacífica, ello querrá decir que hemos madurado como ciudadanos y que estamos más cerca de la tan deseada “mayoría de edad kantiana”.

lunes, 2 de mayo de 2011

*Volver a lo elemental

Existen muchas personas que en su día a día dan mucho de sí mismas en lo que hacen, y eso no tiene precio sino valor, y gracias a todos esos actos, que sumados son inconmensurables, el mundo sigue; cuando les miro ayudan a mi cansancio y me inspiran para continuar aunque falten las ganas.

Cuando las ganas se diluyen porque la razón te indica que lo que tu aportas no es significativo, tienes que profundizar un poco más en el sentido de las cosas, no basta la respuesta frívola y simple, pero sí la elemental.

Lo elemental es lo que nos reconcilia con la vida, y aunque la vida a veces es frágil ante la enfermedad o la muerte, siempre triunfa en su fin creador. Se renueva en su andadura transformando las lágrimas en agua, con que regar las semillas que engendra en su interior.

Desde el interior nos habla, hace ya miles de millones de años, mediante sus leyes que se manifiestan en su conducta diaria. Una de las fundamentales es la ley de la cooperación, cada célula de nuestro cuerpo arrima el hombro para que el ser del que forman parte sobreviva.

Sobreviven, sólo aquellas civilizaciones, que educan en los ideales y valoran a las personas por la forma en la que se dan en lo que hacen y no por lo que consiguen.

Conseguiremos sonreír cuando valoremos más las ganas puestas en un proyecto que el resultado, porque lo primero depende de nosotros y lo segundo no siempre está asegurado.

Aseguraros bien de no medir lo que ponéis porque lo elemental es que sois lo que dais desinteresadamente.

miércoles, 13 de abril de 2011

*¿Qué será, será...?

El silencio abraza mi garganta evitando así que las palabras formen más pensamientos de desánimo, porque cuando se juntan todos en mi cabeza me inunda la tristeza. La parte sabia de mi cerebro sale al encuentro de las ganas de vivir y les grita: “No depende de ti lo que sucede en el mundo”. No, no depende de mí acabar con los mentirosos, los egoístas, los avariciosos, los que solo crean muerte y sufrimiento, los que solo buscan su propios intereses como si vivieran en un mundo sin los otros. Respiro profundamente, me tranquilizo y siento enormes deseos de que los perversos del mundo desaparezcan. Construyo una fantasía y me imagino que todos los que creemos en el buen hacer juntamos los dedos y creamos un círculo indestructible de energía luminosa a nuestro alrededor, con la que cegaríamos los ojos hundidos de los que jamás levantaron la mirada más allá de ellos mismos por si se cruzaban con alguien que les conmoviera su frío corazón. Todos los excluidos del círculo, de repente, están ciegos y como zombis caminan sin rumbo en plena oscuridad, de la que jamás saldrán porque las lágrimas de sus víctimas han creado un lago artificial helado que divide al mundo en dos para siempre. Es posible que emociones profundas como ésta, nacidas de la impotencia y la rabia dieran lugar a la creencia del paraíso o del Cielo y el Infierno. A mí hoy no me importaría que existiese un infierno eterno donde poder echar a todos los hombres y mujeres indiferentes al dolor de los demás; más aún, a todos aquellos que lo provocan por propio beneficio. ¿Será que me estoy volviendo inhumana? ¿Será que recojo la sed de justicia de todos mis conciudadanos, compañeros de vida del momento histórico? No lo sé, pero puedo aseguraros que me preocupa mucho el futuro de mis hijos y mis nietos, y por extensión, el de todos mis alumnos, que se esfuerzan cada día por aprender a ser personas.

martes, 5 de abril de 2011

*Lo que no es amor

Tener conciencia de que somos seres aislados, es decir, de que estamos solos, hace que nos sintamos desvalidos y esta vivencia insoportable nos lleva al amor, a buscar el encuentro con el otro, pero también nos puede llevar a formas de relación nada deseables y que muchas veces, de forma equivocada, llamamos amor.

Una de esas formas de superación de la soledad son las uniones orgiásticas que se practicaban en muchos rituales primitivos. Hoy las formas han cambiado y se llaman “redes sociales”, lugares de “encuentros”, nos sentimos conectados aunque no convivamos con los demás, sin embargo nos comunicamos, nos sentirnos menos solos. Todos sabemos que dentro de estas redes existen encuentros eróticos que son accidentales, esporádicos y periódicos. Y en muchas ocasiones, múltiples.

Millones de personas en el mundo no podrían soportar el silencio y el vacío si de repente no pudieran conectarse a la red. Si estoy dentro de una red me siento salvado de la terrible experiencia de la soledad, aunque las relaciones establecidas sean líquidas, como nos explica muy bien Zigmunt Bauman en su libro “El amor líquido” para referirse a la fragilidad de nuestros vínculos en la actualidad.

También existen formas inmaduras de amar que Fromm llama “unión simbiótica”: es la que mantienen dos personas que se necesitan el uno al otro psicológicamente.

La forma pasiva de esta unión sería la sumisión, donde uno de los integrantes se convierte en una parte de la otra persona, quien la dirige, la guía y la protege de tener que tomar decisiones y de correr riesgos; nunca está sola, pero no es independiente.

La forma activa de la sumisión es la dominación, que supera su sentimiento de soledad haciendo de otro individuo una parte de sí mismo. De esta manera se siente fuerte y seguro; en el extremo estaríamos frente a la persona sádica.

Este tipo de unión está en la base de los malos tratos, entendiendo por este término todo tipo de agresión entre las personas, ya sea entre compañeros de clase, entre hombre y mujer en la relación amorosa o incluso entre padres e hijos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

*Visiones del amor (y II)

En la columna anterior quedamos que, según Erich Fromm, los elementos comunes y básicos a cualquier amor eran: cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento.
Si alguien nos dijera que ama las flores y viésemos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su amor a las flores; vemos pues que preocuparnos por el bienestar de lo que amamos es imprescindible. “El amor es una preocupación activa por la vida y el crecimiento de aquello que amamos”. El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: la responsabilidad. A veces entendemos que ser responsable es estar obligado a cumplir con una serie de deberes, pero en su verdadero sentido se trata de un acto voluntario. Ser responsable es estar dispuesto a responder a las necesidades de otro ser humano. Cuando hablamos de necesidades no me refiero sólo a las físicas, sino sobre todo a las psicológicas y afectivas. Superar miedos puede ser fundamental para nuestro hijo o para nuestra pareja, y hay que dar al otro el tiempo que necesite para afrontarlos. Intentar cubrir las necesidades del otro nos puede dar cierto poder sobre él; podría pasar a depender de nuestro sustento, si no fuera por el tercer componente del amor: el respeto. Si atendemos al significado de su raíz, “respicere”, respeto significa mirar, estar atento a lo que la otra persona necesita sin intentar cambiarla, permitiendo que se desarrolle y crezca como ella decida, hacia donde quiera y al ritmo que pueda, no como nosotros queremos y deseamos, sino teniendo en cuenta lo que ella quiere, y sosteniéndola afectivamente. Y llegamos al último elemento del amor: el conocimiento. No es posible respetar al otro sin conocerlo. No podemos apoyar a alguien en su crecimiento personal sino sabemos quién es: así nuestro amor sería ciego. Y este saber es un saber profundo que se cocina a fuego lento sin presiones ni agobios, con paciencia, comprensión y dulzura. Crear vínculos requiere artesanía y el artesano necesita aprender el arte si quiere construir un amor de calidad. La calidad implica hacer las cosas bien, y para lograr este objetivo hay que empeñarse. Pero no conozco a nadie que se haya arrepentido cuando lo ha logrado. Sin embargo, sí sé de miles de millones que sufren de insatisfacción, producto de su negligencia y desidia en el cuidado de lo que dicen amar.

lunes, 28 de febrero de 2011

*Visiones del amor (I)

Hay visiones del amor que nos muestran que es más importante amar que ser amado. En ellas se entiende amar como una capacidad propia que hay que desarrollar. Al amar nos olvidamos de nosotros como centro de atención y nos volcamos en el sujeto a quien dirigimos el néctar de nuestro ser. Esta visión del amor se basa en la creencia de que amando crece nuestro potencial; nos volvemos más activos, creativos, más fuertes, y no prestamos demasiada atención a si el ser al que amamos nos corresponde o no.

Esta forma de entender el amor choca con otras que opinan que lo importante es sentirse amado, y que encontrar a alguien que nos ame con locura es cuestión de suerte. La tarea más importante para los que así piensan es cómo lograr que se les ame. Para alcanzar el objetivo siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito social, ser ricos, poderosos. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en resultar atractivas, deseadas. Piensan que amar es sencillo, y lo difícil, en todo caso, es encontrar la persona apropiada a la que amar o por la que ser amados. André Breton en su libro “El amor loco”, en el último capítulo dedicado a su hija Aube, termina con estas palabras “Te deseo que seas amada locamente”.

Otro uso del término amor es el amor a uno mismo, que en tantas ocasiones se escuda tras el “amor” al otro para no mostrar su auténtica faz. Lo que tenemos en este caso es un amor a uno mismo con persona interpuesta. Hay quien piensa que el egoísta no es malo: simplemente es ignorante y, en alguna medida, pobre de espíritu. Se relame en ese dejarse querer, en ser objeto permanente de cuidado y atención. Es un amor egocéntrico.

Erich Fromm considera que amar es un arte que precisa conocimiento y esfuerzo; ese amar tiene un carácter activo e implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor. Estos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

jueves, 10 de febrero de 2011

*Somos el amor que nos dieron

Dice Noam Chomsky que “la capacidad para hacer algo no equivale a la capacidad de saber hacer algo. El desarrollo de esa capacidad requiere adiestramiento”. Acertada afirmación, cuyo sentido voy a desentrañar centrándome en la capacidad de ser padres. Todos poseemos tal capacidad, pero ¿sabemos ser padres? Desde la fecundación hasta el nacimiento del bebé pasan 9 meses que aprovechamos para comprarle la ropita, la cuna, el cochecito, los biberones... pero, ¿sabemos cómo relacionarnos con un ser que, por su especial inmadurez, está en nuestras manos su sano e integral desarrollo? ¿Nos preparamos para ello? Un cachorro recién nacido ya viene equipado; su cerebro está formado y sus instintos le bastan para lo que tiene que hacer en la vida. Pero un bebé es moldeable desde el primer instante, no sólo en el plano físico (cerebro, conexiones neuronales...), sino sobre todo en el plano afectivo. Nuestra relación con él marcará su forma de amar en el futuro. La persona que lo acoge al nacer permanece toda la vida como el primer amor. O como el primer dolor… si no sabe acogerlo. Nacer es la primera suerte. No estropear esta suerte, el primer deber. Ser madre es amar primero aun sin conocer a quien amamos, y cuando le amamos lo hacemos como nos amaron a nosotros nuestros padres. Si como adultos nos damos cuenta de que nuestra forma de amar es incorrecta, deberíamos cambiar antes de ser padres para evitar establecer vínculos no deseables, por inseguros o destructivos, con nuestros hijos. Hacernos conscientes de que nuestros hijos heredarán y repetirán lo que nosotros les enseñemos de obra y de palabra es empezar a saber ser padres. No basta con cuidarles. Deberíamos conocer quiénes somos y qué no debemos transmitirles de lo que somos porque no vale. Y preguntarnos, ante sus defectos o limitaciones, en qué medida éstas tienen que ver con las nuestras, porque las casualidades no existen, y lo que ellos son habla demasiado de lo que nosotros somos, y hasta de lo que quisimos ser y no fuimos. Para ser padres no necesitamos ningún aprendizaje, para ser buenos padres, sí.

lunes, 10 de enero de 2011

*¡Quiero...!

He decidido buscar entre los poros de mi piel toda la alegría que me regalaron mis padres desde que era un bebé y con ella regar el mundo que me rodea.

He considerado seriamente darme cuenta de todo el cariño que me dan cada día mis amigos, mis alumnos, mis hijos, e impulsar con él mi coraje para no tirar la toalla ante el desánimo y la derrota.

He determinado centrarme en lo bueno -que lo hay, aunque a veces me cueste verlo- y mirar lo malo de reojo para no permitir que contamine mi alma de niña aventurera.

Quiero creer en las personas sencillas, anónimas, que conviven conmigo día a día, y que son portadoras de una fuerza que desconocen pero que la tienen y que puede cambiar sus vidas.

Quiero apostar por todos los ciudadanos que creen en la libertad del individuo y en el diálogo cuando se trata de asuntos de la colectividad.

Quiero lanzar un grito: !Basta de lamentos!, y un lema: ¡Cuenta conmigo! que lleguen hasta el sol, símbolo en el mito de la caverna de Platón, del Bien, la Belleza y la Verdad.

Camino despacio porque el sendero se hace impracticable cuando estamos solos, pero mis pasos no van a parar porque hay mucho por hacer, a pesar de los 4 millones de parados (curiosa paradoja).

Cavilo para encontrar soluciones a los problemas, intentando distinguir entre los reales y los imaginarios, pues no deja de ser imaginario sufrir por lo que no tenemos o por lo que no somos.

Prometo no huir del dolor de los que me rodean, sino abrazarlo para que en el acogimiento se diluya, dando paso al consuelo y la compañía.

Deseo desprenderme de todo lo que me aísla y no me ayuda a crecer en el amor, pues, sin duda, eso sí que merece un “estado de alarma”, y no cuestiones que se pueden solucionar con acciones ordinarias. Y es que a estas alturas ya deberíamos saber cuáles son los ingredientes esenciales para disfrutar de una vida plena.

domingo, 19 de diciembre de 2010

*Triste ¡Feliz Navidad!

Qué difícil me resulta pronunciar las palabras ¡Feliz Navidad! Es lo que siento en estos momentos, y me pregunto si les pasará lo mismo a mis vecinos.
Percibo enfado y desánimo en la gente. Y por más que intento buscar razones por las que seguir luchando día a día, hoy me cuesta.

Me duele la indiferencia de los que tienen el poder en sus manos y no toman las decisiones adecuadas para que los ciudadanos podamos mantener la ilusión por construir un clima de cercanía y ayuda mutua.

Y tengo miedo, porque sé que la rabia es una emoción que, igual que te ayuda a sobrevivir, te puede destruir; y que el odio es un sentimiento terrible que siempre busca víctimas para alimentarse en una espiral que termina, inevitablemente, en dolor, muerte y desolación.

La bajada de sueldos, la subida de precios y de impuestos, el retraso y recorte de una jubilación merecida, esa Ley Sinde que amenaza con coartar la libertad de expresión y legitimar la censura, las reformas laborales que empobrecen aún más a los más pobres, las leyes represivas antitabaco y anti todo, la creciente delincuencia, la expansión de la droga, el creciente paro, esos jóvenes sin posibilidad de seguir adelante con su ciclo normal de vida porque no tienen trabajo...

Son tantas las medidas que vulneran los derechos fundamentales de los ciudadanos que siento una opresión en el pecho que me ahoga, me entristece y me asusta. Y lo peor de todo es que no veo una forma pacífica y serena de que las cosas cambien, porque los que deben cambiarlas se lavan las manos como Poncio Pilatos.

Y en medio de todo este decorado, nace el Niño en un pesebre. Y me cuesta esbozar una sonrisa y acogerlo entre mis brazos, porque lo que me invade es el enfado y la rabia contra los hombres malos.

Así que una parte de mi os desea de corazón una Feliz Navidad, y otra, indignada ante tanta injusticia, lo que quiere es ver en la cárcel a todos los responsables de tanto dolor y desigualdad.

Creo que ya va siendo hora de que cada cual salga en la foto que le corresponde: en la de los hombres de buena voluntad, o en la de los corruptos y malvados. Tanta tibieza moral empieza a provocarme náuseas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

*El miedo a asumir retos


Fue un día de Noviembre, dentro del I Foro “Juventud y violencia” de Torrijos, cuando nos invitaron a participar en la elaboración de un vídeo. La respuesta de mis alumnos fue:

-No, Carmen, que nos da vergüenza -respondieron todos.

-Lo entiendo -les dije-, pero creo que es una experiencia nueva y deberíais asumir el reto.

Después de cinco minutos se apuntaron seis alumnos.

Costó tres horas grabar las imágenes, estaban nerviosos, no les salía la voz; pero poco a poco, repitiendo una y otra vez, las frases se pronunciaban con más alegría, se iban metiendo en el papel, ellos mismos se autocorregían y nacían en su interior las ganas de hacerlo mejor.

Fue una tarde divertida, aprendimos el valor del trabajo en grupo, la alegría de compartir experiencias, el calor de apoyarnos los unos a los otros, de reírnos, de sentirnos acompañados y queridos.

Cuando el día de la inauguración del foro en el Palacio de Pedro I, vimos el resultado final en pantalla grande, nos quedamos todos asombrados, orgullosos, felices.

Creo no equivocarme si digo que se sintieron contentos de su trabajo, sobre todo por haber sido capaces de superar el miedo. Incluso, alguien del grupo se atrevió a animar a sus compañeros a vivir experiencias que implicaran enfrentarse a la vergüenza, a la timidez o, simplemente, a la apatía, entendiendo que ésta es la única forma de crecer.

jueves, 25 de noviembre de 2010

*Un silencio culpable

A raíz del I Foro de “Juventud y violencia”, celebrado en Torrijos entre el 15 y el 20 de Noviembre, pude participar, junto con mis alumnos, en varias actividades organizadas por el Ayuntamiento. Una de éstas fue realizar un programa de radio con un grupo de 16 chavales sobre el tema de la violencia.

En los días previos al programa nos reunimos todos para decidir de qué íbamos a hablar y cómo organizarlo. De nuestras conversaciones salieron aspectos que me parecen preocupantes y que voy a comentar con el único fin de despertar la conciencia sobre estos problemas y romper de una vez con el pasotismo y la ceguera de ciertos adultos.

Varios de mis alumnos me comentaron que cuando practican deporte, como el fútbol, sufren humillaciones por parte de algunos compañeros que, por ser mejores jugadores, se comportan de forma agresiva y déspota con ellos. Lo hacen porque saben que quien debe frenar este comportamiento, no hará nada y, por tanto, sus abusos no tendrán ninguna consecuencia negativa para ellos.

Voy a guardar silencio sobre la naturaleza de estos actos vejatorios porque no es el morbo lo que me impulsa a escribir estas palabras, sino la indignación con los responsables de esa actividad, que consienten tales actos, mirando cobardemente hacia otro lado.

Me pregunto, ¿qué pretenden estos formadores deportivos cuando se dedican a entrenar a chavales? ¿Ganar al precio que sea, aunque la victoria lleve sobre sus espaldas el dolor profundo de muchos niños para quienes el fútbol es la actividad que más les gusta, pero que, por no ser tan diestros, se convierten en víctimas de “las figuras” del equipo?

Creo que esta conducta adulta es despreciable, sobre todo porque estamos hablando de chicos menores de edad con ilusión por el deporte, pero sin armas para luchar contra la chulería de los que se creen mejores, o contra la presión de unos padres irracionales para quienes la victoria es lo único que cuenta.

Y lo más penoso es que la indefensión de estos chicos esté fomentada por la pasividad de aquellos que deberían defenderlos: los llamados “entrenadores”, que, al parecer, no sólo han perdido el norte, sino que, además, desconocen el significado profundo de lo que es educar a través del deporte.

lunes, 8 de noviembre de 2010

*Sueño con gigantes

El viernes pasado, por invitación del Ayuntamiento, fui al cine con mis alumnos para ver Invictus, y debo reconocer que la película me emocionó.

Es, tal vez, esa capacidad maestra de ver a los seres humanos que se esconden debajo de las etiquetas, lo que más me impresionó del personaje que nos intenta presentar la película.

Camino de mi casa, pensé: ¿Tendremos la suerte los españoles de contar algún día con un gigante humano de este nivel? ¿Verán mis ojos a un alma grande e imperturbable, que asumiendo su rol de político, logre considerar al del otro partido como un compañero más del equipo de gobierno?

Tal vez entonces, los españoles seamos capaces de construir un verdadero país unido, y no siempre amenazado por la división y la lucha por el poder. Nelson Mandela lo logró ni más ni menos que con negros y blancos, entre los cuales sólo existía odio y ansias de venganza en ese momento histórico tan delicado.

Evitó una matanza como tantas otras en la historia de la Humanidad; consiguió lo que sólo puede lograr un espíritu libre y grande: hacer las cosas bien. Fue capaz de apelar a lo mejor del ser humano, de transformar un símbolo que representaba la opresión blanca sobre los negros en un emblema de la fuerza y la unidad de todos los habitantes de un país dividido. Sólo un hombre incorruptible y consciente de su misión tiene la fortaleza de espíritu para expresar lo que significa perdonar a los enemigos.

Entendí que todo político debería aprender de Mandela, que supo olvidar el lado oscuro del pasado y poner su mirada en las cosas que tenemos en común más que en las diferencias.

Habría que liberarse de la esclavitud de las ideologías y de los bandos políticos, y trabajar juntos creando nuevas realidades para todos los ciudadanos que vivimos aquí, en este lugar accidental en el que nos ha tocado nacer.

miércoles, 20 de octubre de 2010

*Los idiotas modernos

Fue por casualidad, mientras preparaba un texto de Aristóteles, cuando descubrí que la palabra “idiota” tiene su origen en el término latino “idiota idiotae”, que a su vez proviene del griego, donde significaba lo privado, lo particular, lo personal.

Con idéntica raíz encontramos en nuestra lengua dos términos más que apuntan hacia ese mismo significado de particularidad y privacidad. Uno es “idiosincrasia”, que significa modo de ser, carácter o temperamento; el otro es “idioma”, y hace referencia a la lengua propia de un determinado lugar.

Pues bien, el idiota era aquél que se preocupaba sólo de sí mismo, de sus asuntos personales, sin prestar atención a los asuntos públicos.
Pasó que como en la Antigüedad griega, y posteriormente en la romana, las cuestiones públicas eran algo serio y de vital importancia para los hombres libres, la palabra evolucionó y su uso se redujo a la categoría de insulto.

¿Por qué? Porque aquél que sólo se ocupaba de lo suyo era alguien despreciable en una sociedad donde existía la convicción de que participar en política, tomando las decisiones importantes para que la vida comunitaria funcionase, era una de las ocupaciones más nobles y mejor consideradas.

Ahora comprendo por qué llevo tiempo, demasiado ya, sintiendo esas enormes ganas de llamar a mis dirigentes nacionales, e incluso a otros de ámbito local, idiotas. No se trata de un simple insulto, que bien ganado lo tienen, sino que además recoge el significado originario de la palabra. Desde que lo sé me siento más tranquila; creo que hasta duermo mejor, porque entender las cosas siempre me da tranquilidad.

Ya sólo queda que los ciudadanos no “idiotas” elaboremos una estrategia para meter a nuestros políticos en “La máquina del tiempo” y enviarlos a la Antigüedad grecorromana, a ver si recuperan, de una vez por todas, aquel espíritu que se tomaba en serio las cuestiones públicas. Mientras tanto, nosotros, los de a pie, intentaremos recobrar el valor de la asamblea y del diálogo para entre todos buscar las mejores soluciones para el mayor número de personas.

viernes, 1 de octubre de 2010

*La costilla de la discordia

Cuando de niña leí por primera vez aquella frase de la Biblia que dice “No es bueno que el hombre esté solo”, que expresaba un pensamiento divino, y como a continuación Dios creó a la mujer de una costilla de Adán para que tuviese una compañera, algo se revolvió dentro de mí provocando una reacción de rebeldía. Esta frase me cayó entonces antipática, porque reflejaba una especie de inferioridad metafísica: ¿por qué esa necesidad de ser parte del varón? Parecía algo así como una maldición de nacimiento que nos situaría siempre en desventaja con respecto al otro género.

Ahora, desde los ojos de la madurez y con unos cuantos libros leídos, entiendo que esa frase lo que realmente venía a significar es la necesidad del género masculino de su propia costilla.

Me explico: si observamos un poco la cuestión, es fácil darse cuenta de que la naturaleza nos dotó a las mujeres del regalo de la maternidad y con ella de la posibilidad de ser más autónomas que el varón. Desde que nacemos tenemos la capacidad de dar vida y con ella la destreza de saber cuidar de otros. Somos cuidadoras por naturaleza, como dicen los filósofos, y aunque es cierto que si los hombres se empeñan pueden llegar a serlo, para nosotras las mujeres es casi pan comido.

Saber cuidar de alguien nos habilita para saber cuidar de nosotras mismas, con o sin hombres. Ellos, en cambio, tienen que empeñarse en valerse por sí mismos y lo primero que tienen que hacer es alejarse del cuidado de sus madres en un momento determinado.

Así pues, la frase mencionada al principio bien podría interpretarse como un aviso para los hombres de su dificultad para ser autónomos y de lo mucho que tendrían que crecer para vivir con una costilla menos.

Pero entiendo que también era un mensaje para las mujeres, recordándonos que cuidar de otro no es un fin en sí mismo, sino una colaboración en la cadena natural, lo cual implica comprender el diferente punto de partida de los géneros y el empujón que debemos dar a nuestros hijos varones para que alcancen su independencia.

jueves, 16 de septiembre de 2010

*Héroes de la calle

Corren tiempos difíciles para el entusiasmo porque los enemigos son muchos y los creyentes en su fuerza pocos, pero este mismo hecho nos conecta con el lado mágico que tenemos los seres humanos cuando nos sentimos partícipes de las grandes hazañas.

Hace falta coraje en nuestra sociedad y el firme convencimiento de que todo lo que intentamos hacer, desde el niño que guardamos dentro, no es bueno para nosotros si no lo es para todos. Esta es la clave, la fuente inagotable de la energía positiva que nos transforma en corazones inteligentes.

En esta época, como la que vivimos, del “todo vale”, siempre hay voces que se atreven a decir: NO. La inercia del “y... ¿a mi qué?” tan viciada y decrépita, cansa y envilece. Plantarle cara es casi obligatorio si aún nos quedan ojos para mirar la sonrisa de un niño que reclama la oportunidad de vivir en un lugar donde haya esperanza y futuro.

Son momentos para la creatividad y las soluciones de verdad, generosas y altruistas. Son instantes donde lo pequeño tiene un inmenso valor si es ejemplarizante. Por eso, quiero animar a todos aquellos que leyendo las señales de los tiempos tienen la valentía de oponerse a la corriente que arrastra a la destrucción.

Pienso en el político que cree y lucha por el bien común, en el maestro que se entrega a sus alumnos, en el policía que se niega a obedecer al Estado perverso que sólo ve en el ciudadano un contribuyente, en el empresario que trabaja al lado del obrero, en el médico que ve al paciente por encima de la enfermedad, en fin, y en tantos otros.

Quiero sentirme al lado de todas aquellas personas que vivencian la conexión entre su yo y los otros yoes, y que saben que sin un tú el yo se vuelve anoréxico y muere.

sábado, 11 de septiembre de 2010

*Los hechos y su significado

Lo bueno de tener memoria es que siempre puedes recuperar lo vivido, y aunque en muchas ocasiones es mejor olvidar, otras veces nos ayuda a pensar.

Hace apenas un mes, sentada en un parque de una ciudad alemana, observé a unos jóvenes fornidos, vestidos de coronel tapioca, arrastrando modernos rickshaws en los que suelen ir sentados dos adultos. Y con esa imagen en mis pupilas recordé la sensación de tristeza y pesadumbre que me produjo ser uno de esos adultos que se dejaba llevar por las calles de Vanarasi, en la India, el verano pasado.

El término rickshaw proviene del japonés “jinrikisha”, en el que “jin” significa persona, “riki”, fuerza y “sha”, carruaje; es decir, carruaje arrastrado por un hombre. Se usa como taxi en países en vías de desarrollo, y en los tiempos que vivimos, también en países desarrollados. Pero, aun siendo en apariencia un mismo hecho, no significan la misma realidad. ¿Qué cambia? Cambia el contexto.

En la India es un modo de sobrevivir, los hombres que los conducen están famélicos, cansados y apenas si pueden pedalear. Subir en uno de esos carruajes como ciudadano de un país desarrollado te hace sentirte inhumano, lo que te impide disfrutar del paseo; sólo piensas en su cara de agotamiento y algo te dice que si pudieran elegir, se dedicarían a otra actividad.

En el mundo occidental, en cambio, no es más que un sistema de transporte alternativo y ecológico; quienes trabajan en ello no lo hacen para sobrevivir, sino porque quieren, o tal vez para quemar el exceso de calorías en un modo de vida donde comer está sobredimensionado.

Y me preguntaba, si sería tal vez el significado del hecho, lo que me produjo aquella penosa sensación que se quedó como recuerdo para siempre en mi memoria. Y es que, la falta de libertad acongoja siempre porque nos recuerda que la esclavitud es enemiga de la alegría. Poder elegir nos da la oportunidad de saber qué somos capaces de hacer, y de aprender de las equivocaciones.

lunes, 26 de julio de 2010

*Vivir bajo el miedo

Del 4 al 14 de Julio estuve en Jerusalén participando en un seminario sobre la Shoá, que es como denominan los israelíes al holocausto perpetrado por la Alemania nazi durante la segunda Guerra Mundial y que costó la vida a más de 6 millones de judíos por el solo hecho de serlo.

La monstruosa ideología que movió a los nazis a exterminar al pueblo judío diseminado por toda Europa también extendió su acción aniquiladora sobre otros grupos: los homosexuales, los discapacitados, los indigentes, los gitanos, los republicanos o los, simplemente, no adeptos al régimen nazi.

Tratar de entender esta singular barbarie me ha llevado 100 horas de estudio, pero la sensación de indefensión, pánico y vergüenza ajena frente a mentalidades de esta naturaleza creo que me acompañará toda la vida.

Una cosa me ha quedado muy clara: no hay amenaza más perversa y peligrosa para una sociedad que el fanatismo totalitario. Sus armas son la supresión de todo derecho y libertad individual y la implantación de la violencia y el miedo. Su éxito: lograr que todos los miembros de la comunidad, divididos en víctimas y en verdugos, dejen de comportarse como seres humanos; los verdugos porque son convertidos en criminales, y las víctimas porque, sometidas a situaciones límites de hambre y hacinamiento, se transforman en supervivientes deshumanizados bajo el peso del horror y la feroz ley del más fuerte. Esto explica que en los guetos judíos las mejores personas, junto con las más indefensas, fueran, por lo general, las primeras en morir.

Otra terrible consecuencia del genocidio nazi fue que aquellos que en principio no se hallaban ni en el grupo de las víctimas ni en el de los verdugos, pasaron a ser observadores pasivos, situación que también los destruyó, porque algo esencial muere en aquel que se limita a mirar hacia otro lado cuando sus ojos se topan con la brutalidad y el sistemático exterminio de millones de seres humanos, ancianos, adultos y niños.

Debemos aprender la lección y defender nuestro sistema de libertades, a pesar de sus defectos, porque ninguna democracia está inmunizada contra el totalitarismo. No podemos quedarnos impasibles ante movimientos sociales o actitudes personales que se nos imponen por la fuerza o la violencia, pues sólo con el diálogo y el consenso basados en la justicia y en la fraternidad es posible construir sociedades humanas dignas de ser llamadas así.

Fui a Jerusalén en busca de algunas respuestas y volví con un montón de preguntas. La primera sería: ¿qué nos enseña la Shoá del pueblo judío? El último exponente del seminario concluyó afirmando que era necesario conservar la memoria de la Shoá porque forma parte de la historia del pueblo judío, pero que también había que empezar a cicatrizar heridas si no querían ser víctimas del holocausto de por vida.

¿Qué quiso decir con estas palabras? Pues que, aún hoy, muchos israelíes viven bajo el miedo a ser perseguidos y aniquilados de nuevo. Es este temor el que hace que, para protegerse, inconscientemente se refugien en su identidad tribal de "pueblo elegido" y eternamente perseguido, lo cual no deja de ser un paradójico “retorno al gueto”. Tal vez sea esta especie de paranoia colectiva la razón por la que el Estado de Israel obliga a todos sus ciudadanos y ciudadanas, una vez terminados sus estudios básicos, a realizar tres años de servicio militar, donde son instruidos para participar en los conflictos armados que surjan, como los ya vividos con el Líbano, Siria o, actualmente, con los palestinos.

Y me pregunto: ¿merece la pena vivir una vida bajo la continua sospecha y desconfianza hacia todo lo externo al grupo endogámico? ¿Tiene razón de ser vivir en un permanente estado de amaneza y de guerra? ¿Es sano cargar sobre la conciencia colectiva el sufrimiento de miles de palestinos, justificándolo desde la memoria histórica de su propio sufrimiento ante los nazis?

Creo en el valor de la memoria tanto como en el valor del perdón. Y pienso que sólo una educación emocional basada en estos dos valores permitirá a un pueblo masacrado, como lo fue el judio, superar el lado trágico de su historia y volver a confiar en "los otros", dejando de ver el mundo en términos de “nosotros” y “ellos”.

Esta transformación implica educar en el amor y en la compasión, implica comprender y compartir el dolor del otro, implica, en fin, despegarnos de nuestra indiferencia hacia todo lo que no sea “lo nuestro” y sentirnos y tratarnos todos como iguales.
Recuerdo algo que nos contaron sobre una mujer judía confinada en un campo de exterminio. Un militar de la SS que topó con ella le preguntó: ¿y tú quién eres? Y ella contestó: un ser humano. Pudo haber respondido apelando a cualquier característica particular que la definiese, pero decidió recordar a su agresor que ambos eran lo mismo: seres humanos. Muy sabia respuesta.

Si algo he echado de menos en el seminario es esta educación emocional en el “después” del holocausto. Tal vez esto explique el hecho de que todas las miradas con las que me he ido encontrando durante estos días no me miraran a mí, y si lo hacían, fuera de reojo, huyendo del encuentro sincero entre seres humanos iguales y valiosos. He percibido en esas miradas la desconfianza y el recelo, cosa que me entristece porque en mi esfuerzo por comprender lo que sucedió en aquellos años malditos del siglo pasado había una actitud de generosidad y de acercamiento sincero y abierto.

Sólo me queda desearle al pueblo israelí sabiduría y valentía en su proceso de superación del pasado para que sus futuras generaciones sean capaces de liberarse del desesperanzador peso de ser “víctimas de la injusticia”. Porque lo peor de ser víctima no es el dolor sufrido, sino las secuelas que nos impiden apreciar la belleza de la vida en toda su extensión y riqueza.
Hay una frase que ilumina muy bien este tema: “es mejor sufrir una injusticia que cometerla”. La dijo Sócrates, que prefirió morir injustamente, antes que dejar de comportarse como un ser humano íntegro y coherente con lo que enseñaba.

sábado, 3 de julio de 2010

*Éxito y reconocimiento

¿Qué es el éxito? Según a quien preguntemos obtendremos diversas respuestas.

Para mí es apasionarse con nuestro quehacer, disfrutando a cada instante sin importar los resultados. Se trata de una vivencia única que achica el tiempo transformando los segundos en intensidad vivida. Cuando consigues instalarte en este estado, la vida vuela y la satisfacción interior crece llenándote los pulmones de ilusiones nuevas.

Si además, de forma inesperada, llega el reconocimiento a tu concienzuda tarea, la alegría estalla y la reacción inmediata es conectar con las personas a quienes quieres de verdad para comunicárselo y que se alegren contigo. Es un instante de pura exaltación que te sube a las nubes, una embriaguez que por un momento te hace sentir como "la reina del mambo".

El proceso del éxito es largo, silencioso, preciso y duradero, mientras que el reconocimiento es intenso, explosivo, breve y perecedero. En la construcción del éxito mandas tú, pues tú decides y de ti depende todo. Te sientes libre, creativo y satisfecho. El reconocimiento, en cambio, siempre llega de la mano de los otros. Esa valoración exterior de tu tarea te hace sentir feliz, sí, pero sabes que lo realmente importante ha sido el arduo proceso que te ha conducido hasta allí.

No miento si digo que esta experiencia la hemos vivido mi amigo Quique y yo trabajando juntos en tres blogs que nacieron en septiembre de 2009 con la idea de utilizar la red como medio para educar. En ellos han participado muchos alumnos de ESO y de bachillerato mediante sus actividades y comentarios a los textos y canciones allí expuestos. Han sido muchas las horas dedicadas a esta aventura, e ilusionantes los resultados obtenidos con nuestros alumnos. Hacerlo y vivirlo cada día con ellos ha sido nuestro éxito.

Y el reconocimiento ha venido de la mano de Europa a través del "II Concurso de Blogs Espacio Europa". Nuestro blog “Cartas devueltas” ha ganado el 1º premio como blog educativo y estaremos en Bruselas el día 14 de Julio representando a España.

Por esto, queremos compartir nuestra alegría con vosotros, y muy especialmente con los coprotagonistas de esta aventura: los alumnos que han llenado de sentido nuestra dedicación al blog.

¡Enhorabuena chicos y chicas! Hemos tenido éxito y, además, reconocimiento.

domingo, 13 de junio de 2010

¿Quieres un abrazo comunitario?

Hay un lado en nuestro ser humano que transforma, que es capaz de convertir en segundos la mezquindad en inocencia, que acoge el dolor de verdad y lo alivia.

¿Qué misterio guarda la vida en su interior que es capaz de transformar el sufrimiento inútil -fruto de la envidia, el miedo o simplemente la sinrazón- en un acto espontáneo de generosidad?

Qué cerca queda lo bueno de lo malo. Esa línea tan sutil y tan sencilla de atravesar cuando nos domina el orgullo o la prepotencia, golpeando al otro con nuestra propia insatisfacción vital.

Pero justo en ese dolor que retuerce las entrañas, nacen flores que te besan con sus pétalos y mariposas que vuelan hacia ti, llevándose partes de tu pesar entre sus alas para que pese menos.

Y sientes que el aire te abre los pulmones ayudado por los abrazos que, como un halo mágico, te calman y protegen de los francotiradores y sus irracionales ansias de disparar.
Existiendo la alegría de vivir, ¿no es absurdo dedicar la vida a entristecer la vida de los demás? Es algo que a menudo me pregunto.

Ojalá sepa yo ser mariposa o flor que se impregne del dolor, sea de quien sea, para hacerlo más liviano. Que no sienta el sufrimiento del otro como algo insoportable, como una agresión a mi calidad de vida, sino, muy al contrario, como una oportunidad para vivir la calidad humana.

Esta reflexión me la inspiraron tres de mis alumnas -Mónica, Maite y Judit- una mañana gris de Junio y con vosotros la he querido compartir, deseando que digáis conmigo: ¡Sí, quiero “un abrazo comunitario”!

miércoles, 19 de mayo de 2010

*Palabras que lían el corazón

Leyendo un artículo sobre relaciones personales me encontré con una palabra: amigovio. Y me pregunté si el término se habría inventado para describir una nueva realidad social o si sería el reflejo de nuestra creciente confusión en este tema.

Siguiendo con la reflexión se me ocurrieron tres formas de interpretarlo:

-Una primera sería un amigo con el que mantenemos relaciones sexuales de forma oculta.

-La segunda haría referencia a una persona que nos gusta mucho pero que, presintiendo que si lo llamamos novio saldrá huyendo, preferimos retenerlo llamándolo amigo.

-La tercera sería alguien de nuestro entorno habitual con el que practicamos sexo sin ningún proyecto de futuro.

Lo que tienen en común las tres interpretaciones es que describen un tipo de relación que queda recluída en la intimidad de los afectados y como en una especie de stand by, es decir, como bloqueada fuera del tiempo y del espacio; algo así como inexistente para los otros. Es intimar con alguien sin costo alguno, aunque no sé si el concepto intimar tendría cabida en este tipo de interacción.

Se me ocurre que una relación así tiene las ventajas de la “amistad” y nos satisface las necesidades como amantes, además de liberarnos de obligaciones y exigencias que no deseamos. Mantenemos a salvo nuestra individualidad y todo se nos perdona. Gozamos de libertad de acción y si aparece el temido peligro de consecuencias no deseadas siempre podemos soltar la frasecita: “tú y yo no somos nada”.

Ocurre que al liar las palabras se nos lía el corazón y resulta que ya no podemos contar a ese amigo que nos gusta mucho fulanito, ni se nos puede escapar delante del tal fulanito que la noche pasada la pasamos con nuestro amigo. Tampoco parece muy buena idea presentar al amigovio a nuestra nueva conquista por si salta nuestro lado más irracional y la liamos.

El resultado es que la vida se nos fragmenta en compartimentos separados en los que representamos un rol: amigo, amante, rollo, amigovio…, cuando tal vez lo único permanente y auténticamente real sea nuestra necesidad de amar y sentirnos amados.

jueves, 29 de abril de 2010

*Somos libres, sin excusas

Hace tiempo leí una historia en la que una extraña mujer disfrazada de ninfa se acercó un día a una cantera donde cientos de hombres trabajaban picando piedras durante largas horas. Lo primero que hizo fue mirar las caras de todos aquellos trabajadores y finalmente eligió a dos de ellos por su marcada y diferente expresión en el rostro.

Acercándose al primero le preguntó: ¿Qué te sucede? A lo que él respondió: estoy harto de hacer cada día lo mismo, odio mi trabajo; sus palabras denotaban tristeza, amargura, cansancio...

Se aproximó al segundo y le preguntó: ¿Por qué tienes esa expresión de alegría en tu cara? Y éste contestó: porque ya me queda poco para terminar mi catedral.

La pregunta que nos surge es: ¿Por qué dos respuestas tan distintas en las mismas circunstancias? ¿De qué depende?

Todos sabemos la respuesta: de nosotros mismos. Es absurdo pensar que es “el afuera” lo que nos salvará de la rutina. Tenemos mucho potencial dormido dentro de nosotros, sólo necesitamos creer en ello. Estar bien no es un estado que se alcanza por las circunstancias; no nos faltan ejemplos de gente que lo tiene todo y lo que trasmite no es precisamente alegría. Y podríamos encontrar tantos otros de personas con circunstancias extremadamente duras, incluso enfermas, que nos comunican paz y entusiasmo.

Construyamos, pues, nuestra catedral particular donde poder guarecernos de la rutina, la cotidianidad y el vacío estúpido de los que piensan que son las circunstancias las responsables de lo que somos. Ya lo señaló Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”.

Lo que esta frase indica no es que podamos justificar nuestra amargura y victimismo porque las circunstancias de nuestra vida sean o hayan sido negativas; lo que quiere decir es que los elementos externos nos configuran, nos determinan, pero lo que realmente cuenta es lo que nosotros seamos capaces de hacer con esas condiciones.

Ahí está la cuestión, nuestro poder transformador de las circunstancias es el lado humano de la realidad que se impone. Y ese lado puede rescatarnos de los grises y agrios zarpazos de la vida… si así lo decidimos. Y es que, como dijo Sartre, “somos libres, sin excusas”.

jueves, 8 de abril de 2010

*Los bebés gigantes

Aprendemos a amar desde el primer contacto que tenemos con los brazos que nos acogen. Si nos abrazan con indiferencia o con demasiado recelo, este hecho influirá en nuestras futuras relaciones con los otros y en la persona que llegaremos a ser.

Cyrulnik, en su libro “El amor que cura”, nos habla de niños echados a perder como la fruta para referirse a dos malformaciones afectivas producidas, una por la carencia de afecto y la otra por un exceso de atenciones y cariño.

En el primer caso, el niño que sobrevive en un entorno desprovisto de afecto se desarrolla centrándose en sí mismo, y el hecho de amar a otro le aboca a una experiencia que, por desconocer, le angustia.

En el segundo caso, el niño cebado de afecto aprende a convertirse en el centro del mundo, generando una indiferencia afectiva hacia los demás.

Como vemos, ambos extremos crean dos formas empobrecidas de relación con el otro.

Me voy a centrar en el segundo caso, conocido como “los bebés gigantes”, porque pienso que es el más preocupante en nuestra sociedad actual.

“Los bebés gigantes” viven aislados del mundo, están adormecidos, son pasivos y temerosos. Les cuesta consolidar una personalidad porque el exceso de mimo les asfixia haciéndoles dependientes de sus padres.

Esta pasión ciega por la infancia está dando sus frutos: hijos narcisistas, centrados en sí mismos, pero, al mismo tiempo, inseguros y dependientes del núcleo familiar.

En casos extremos responden al perfil del hijo que maltrata a sus padres como la única salida de esa prisión afectiva tejida por unos padres que no saben crear lazos afectivos que construyan personas autónomas y maduras.

Padres y madres del siglo XXI, si no asumimos la autoridad (con sus dos significados sabiduría y poder) frente a nuestros hijos, puede que un día terminemos en la comisaría denunciándoles para que nos protejan de la violencia de la que de alguna manera habremos sido corresponsables.

Y es que en educación no vale todo. Y, aunque lo hayamos olvidado, todos sabemos que “quien bien te quiere te hará llorar”... alguna vez.

sábado, 13 de marzo de 2010

*Tu lugar en el mundo

Es algo que me sucede de vez en cuando, lo cual hace que me pregunte si es que el peso de los días vividos deja huella en el cerebro. Es una sensación de adiós, de despedidas definitivas para dar paso, tal vez, a vivencias de verdad.

No hay espacio para la nostalgia porque ocupa mucho en una vida que mira hacia adelante. Se trata de una sensación de separación de lugares, de personas, de experiencias. Sabes que no volverán a tu vida nunca más. Cierras capítulos. Pero no sientes pena. Es la certeza de que debes dejar espacio libre para lo que viene y que tanto tiene que ver contigo.
Por fin, has encontrado ese lugar en el mundo del que te echarán, sin duda, la muerte y su estúpida manía de aniquilar corazones, pero del que tú jamás te irás. Ha costado tanto encontrarlo, que tus pies echarán raíces sin suelo; sabes muy bien cuál es el fundamento que te nutre y te sostiene.

Si estuviéramos atentos a lo que nace cada día entre un pulmón y otro pulmón, amaríamos la vida hasta el extremo. Ya lo dice Jorge Bucay: ¡Búscate un amante!.
Eso es: algo que te apasione hasta el éxtasis. Lo que hace que olvides los relojes y que te hace vibrar. Que te esboza sonrisas a millares sin necesidad de mover los músculos de la cara. Aquello que te emociona hasta volverte la piel del revés.

Cuando lo encuentras, la paz y la alegría te embarazan para siempre, y los hijos no son ya de carne y hueso sino obras de arte. Se terminaron las historias mediocres que te roban energía con tibieza y sin colores. Y también los pseudo amigos con quienes intercambiar tiempo, favores y demás. No quieres amores civilizados. Y sólo te satisface la amistad de la que hablaba Aristóteles “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.

miércoles, 17 de febrero de 2010

*Un brindis por el cambio

Dicen algunos estudios de psicología que si se quiere la armonía hay que buscar primero la igualdad.

Si recordamos “La parábola del hijo pródigo” y analizamos el mensaje, vemos que para el padre está claro lo que significa esta palabra: tratar a sus hijos de igual forma, independientemente de sus méritos.

Igualmente sucede en algunas sociedades colectivistas, donde lo que se valora es el bien del grupo y no el del individuo. No se pone el punto de mira en lo que cada uno se merece en función de su esfuerzo y sus dones, sino en el buen funcionamiento de la comunidad.

Me pregunto: ¿Cómo combinar estos dos polos de la cuestión? No podemos buscar lo beneficioso para la comunidad, olvidándonos del bien de los individuos que forman ese grupo, pero tampoco podemos obviar el bien común. Es por esta razón que las sociedades no prosperan demasiado, porque no es nada sencillo buscar la forma adecuada para equilibrar estos dos extremos.

Si pensamos en el ejemplo de “La parábola del hijo pródigo”, deducimos rápidamente que son los lazos afectivos los que ayudan al padre a sacar su corazón benévolo para entender la justicia, no de una manera proporcional a los méritos, sino como perdón y generosidad.

Lo que nos enseña el espíritu colectivista es a ser un poco menos egocéntricos, a saber perder un poco de lo que nos corresponde justamente, en favor de los demás. Pero este mirar por los demás también nos reclama ser desinteresados.

Después de esta reflexión, concluyo que la armonía exige igualdad, pero la igualdad pide generosidad, y para ser generosos necesitamos sentir que el otro nos importa, esto es, tenemos que establecer relaciones afectivas con él.

Esto es una utopía, lo sé. Pero si no creemos en los ideales no podremos construir sociedades más justas. Y si las sociedades dejan de ser armoniosas se convierten en sociedades violentas. Por tanto, aunque los ideales sean inalcanzables, sería sensato tratar, en la medida de nuestras posibilidades y libremente, de acercarnos un poco más a ellos antes de que sea demasiado tarde.

Propongo pues “un brindis por el cambio”, como hace la protagonista de la película “Diarios de la calle” a sus alumnos, invitándoles a salir de su mundo agresivo, gris y sin futuro. Y para ello, lo primero que hay que hacer es creer en que el cambio es posible.

martes, 29 de diciembre de 2009

Un globo verde esperanza

Un año recién estrenado, miles de segundos nos aguardan, y dicen que es el momento de los buenos propósitos: dejar de fumar, hacer dieta, algo de ejercicio, retomar el viejo proyecto olvidado en el cajón o trabajar algún aspecto personal que nos ayude a vivir mejor con nosotros mismos y con los demás.

Dividir la vida en unidades de tiempo como días, meses, años es una característica humana que, supongo, nos impuso la madre naturaleza con sus ritmos biológicos. Y de ahí, que anualmente celebremos nuestro cumpleaños y socialmente el nacimiento del nuevo año.

Cuenta Marlo Morgan en su precioso libro “Las voces del desierto” que en una tribu australiana los cumpleaños se celebran exclusivamente cuando la persona considera que ha crecido en algún aspecto de su persona. Sólo entonces, reúne a sus amigos y lo festejan juntos porque hay algo verdadero e importante que lo justifica.

En cambio, aquí, en nuestro mundo occidental, festejar el cumpleaños no tiene mayor significado que rememorar la fecha de un nacimiento. Y lo celebramos, sí, aunque a partir de cierta edad no nos haga demasiada gracia lo de cumplir años. Dicen que envejecer es “aprender a perderlo todo”. Contradicciones de nuestra vida.

Desde mi mesa de trabajo, horno paciente donde, mes a mes, se cuece esta columna, me dispongo a dar las gracias a todas esas personas que al leer mis palabras, han dado más sentido al hecho de escribirlas.

Os diré que lancé tres globos al cielo después de las uvas. Tres globos que contenían tres deseos. Y uno de ellos fue este: ojalá que los ciudadanos de Torrijos lleguemos a ser en el futuro un pueblo tal y como lo entendía Agustín de Hipona: “Un grupo de personas que trabajan juntas por buscar el bien de todos.”

Gracias torrijeños y torrijeñas por vuestras palabras de reconocimiento a mi aportación en este periódico. Vuestros comentarios, siempre positivos, sencillos, sinceros, me han proporcionado mucha alegría al escucharlos de vuestra voz o leerlos en el blog.

Gracias a todos y que el paso de los días en el 2010 cobre un nuevo e iluminador significado en nuestras vidas. Este deseo sobrevoló el cielo nocturno de Torrijos dentro de un globo color verde esperanza.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

*Regálate una nueva mirada

Es dificil, en un mundo plural como el nuestro, transmitir un mensaje universal y significativo de cara a las fiestas navideñas sin caer en tópicos. El origen, todos lo sabemos, está unido al nacimiento de Jesús, pero esta conmemoración no significa nada para millones de seres en el mundo que abrazan otras creencias, por tanto, si queremos encontrar algo común a todas las personas y culturas tendremos que tratar el tema desde una perspectiva que incluya esta diversidad.

Ya sea por que nazca Jesús o por la llegada del nuevo año, éstos son días de vivencia festiva en los que se producen encuentros, acercamientos, se participa, nos relacionamos. Y este fenómeno de celebración colectiva, sí es algo que se da en cualquier parte del mundo, por lo que, a partir de él, podríamos encontrar un propósito común: mirar con ojos nuevos nuestras relaciones.

Mirar con ojos renacidos -como cuando Neo, el protagonista de Matrix, nace por segunda vez; comenzar por perdonarnos los errores cometidos durante el año que termina y atrevernos a dar ese paso que tanto nos asusta, pero tan importante es en nuestro caminar.

Imaginemos esa mirada nueva entre padres e hijos, entre mujeres y hombres, entre jefes y empleados, un mirar novedoso de la humanidad hacia el mundo animal y hacia nuestro planeta Tierra; ojos nuevos y firmes en los gobernantes para que respeten a los ciudadanos, acercándose de verdad a sus problemas, que tal es su responsabilidad. Y en nosotros, ojos atentos para ver al que sufre en silencio, sea quien sea y venga de donde venga, y limpios de prejuicios para acercarnos y compartir con él algo tan sencillo como una cálida sonrisa; unos ojos nuevos, en fin, para mirar el mundo de forma distinta, alegre, solidaria, tierna….

Y, ya puestos, ¿por qué no entender este tiempo de renacimiento como una oportunidad para iniciar un cambio radical? Por ejemplo, para las personas que han ido perdiendo su trabajo, ver los hechos con ojos nuevos significaría aprovechar esta circunstancia desfavorable para dedicarse a lo que siempre quisieron y no tuvieron ocasión.

Pensemos en alguien, ese será nuestro regalo de esta navidad para él: mirarle con ojos nuevos. Y pensemos en nuestra nueva mirada, y que sea éste el obsequio más preciado que nos hagamos a nosotros mismo esta Navidad.

sábado, 14 de noviembre de 2009

*¡Si queremos, podemos!

Cansada ya de escuchar los mismos mensajes desalentadores, tales como “esto no sirve para nada” o “las cosas son así, ¿qué podemos hacer?”, quiero modestamente señalar frentes abiertos de lucha por un mundo mejor. Pues yo sí creo que podemos hacer mucho, y que todo cuanto se hace bien, al final, cuenta. Y no sólo para uno mismo, también para los demás.

Lo que sucede, ya lo decía Saint-Exupery en “El principito”, es que nos encantan las cifras, y si los resultados no se expresan en números, dejan de valer; o si los cambios no son radicales y espectaculares, no nos parecen cambios, cuando en realidad las auténticas transformaciones ocurren en silencio y paso a paso.

A modo de ejemplo, voy a sugerir una acción al alcance de todos: se trata del llamado “comercio justo”, un modelo de comercio alternativo liderado por movimientos sociales que buscan una relación justa entre productores y consumidores, respetando unos principios éticos que velan al mismo tiempo por las personas y por el medio ambiente.

Bastaría con que una vez al mes en cada uno de nuestros hogares comprásemos por el valor de tres euros cualquier producto certificado con el sello “Fairtrade”. Los productos que actualmente reciben este sello en España son azúcar, café, té y cacao. En el resto del planeta también se venden otros artículos con este sello oficial de “comercio justo”: vino, arroz, especias, fruta fresca, miel, algodón…, además de los ya mencionados que podemos hallar en nuestro país.

Y ¿para qué serviría esto? Seguro que a todos se nos ocurren respuestas. Por mi parte, señalaré dos:

1ª. Para favorecer el desarrollo de comunidades productoras –normalmente, cooperativas- en los países en vías de desarrollo, y ser solidarios con las partes del mundo menos favorecidas.

2ª. Porque es una acción transformadora que defiende una forma más justa –y por tanto, más humana- de entender las relaciones comerciales.

Este es sólo un ejemplo de un cambio de actitud imprescindible si queremos mejorar nuestro mundo, en lugar de lamentarnos o descargar nuestra responsabilidad personal esperando que los gobiernos lo arreglen.

El mensaje, pues, es sencillo: si queremos, podemos cambiar las cosas. Basta con creer en nosotros… y sentirnos necesarios.

martes, 27 de octubre de 2009

*La India: un latido en mi memoria

Si tuviese que quedarme con algo del viaje de este verano a la India, sería con la sensación de que es un lugar al que debo volver.

Al intentar contaros mis impresiones, tomo conciencia de que es demasiada realidad desconocida la que dejé allí. Tras casi un mes de recorrer ciudades, pueblos y paisajes, volví aturdida y con la sensación de no haber comprendido nada, de haber dejado un mundo por descubrir. Y es que era tal la plaga de imágenes que iba captando o que directamente me asaltaban, que esto me impedía pensar. Sólo podía mirar, oler, observar sin descanso; fue todo tan chocante e insólito, que aún sigo procesando imágenes que mi memoria no se atreve a recuperar del todo por miedo a estremecerse.

Sí, estuve en la India, pero siento que volví desconociendo lo esencial de ese inmenso país y de sus gentes. Conservo, claro, toda esa algarabía de colores, formas, rostros, miradas, gestos, sonrisas… porque lo más destacable allí es la presencia humana. Pero no sé nada de lo que piensan y sienten porque no hubo tiempo para la charla tranquila y relajada.

Ser turista en la India te sitúa en un lugar diferente, te convierte en un objetivo, en un medio para obtener unas rupias, pero no eres un fin, alguien con quien hablar e intercambiar pensamientos. Tantos miles de ojos puestos en ti siguiéndote sin descanso con cientos de propuestas comerciales.
A veces te sorprendía alguien pidiéndote que te dejases fotografiar con su familia o incluso, como me sucedió a mi, cambiar su precioso sari por mi ropa tipo coronel tapioca. Se acercaban, hacían la foto y se marchaban con una sonrisa, sin mediar palabra; intercambiábamos imágenes y el saludo cordial, pero nada más.

Sí, debo volver a la India, pero de otro modo –tal vez de turista camuflada- para poder pararme y hablar con sus gentes; que me cuenten sus relatos de infancia, que me enseñen a jugar sus juegos y a soñar sus sueños, a bailar sus bailes y cocinar sus gustosos platos. Quiero escucharles sin prisa para poder mirarles por dentro. Eso es lo que me gustaría. Porque siento que hay tantas cosas que se esconden bajo esos lánguidos ojos y esos rostros entre serenos, tristes y vivaces, que el descubrirlo podría enseñarme un nuevo concepto de vivir.

martes, 13 de octubre de 2009

*Alicia en el país de las tachaduras

Hoy me gustaría que reflexionáramos juntos sobre la importancia del borrador y que fuéramos más allá de su consabida utilidad para descubrir su esencial valor.

El borrador es como un mapa que nos muestra nuestro recorrido. En él podemos ver, paso a paso, cómo se va desarrollando nuestro hacer, pero también cómo nosotros mismos vamos evolucionando y transformándonos a la par que trabajamos en él. Y es que el borrador de nuestro proyecto (cualquiera que sea) siempre nos dirá más de nuestro andar que de nuestra meta.

El proceso es un cuerpo a cuerpo con las dificultades, es donde surgen los accidentes, los imprevistos y cómo nos enfrentamos a ellos. Recoge ese momento donde podemos disfrutar del derecho a equivocarnos sin penalización; a fin de cuentas es tan sólo un boceto que puede ser sustituido o anulado por otro, y no pasa nada.

El trabajo en sucio es como un espacio protegido donde sólo habitamos nosotros y nuestro quehacer; es el lugar del tachón, del garabateo, de las ideas dispersas, de los ensayos infructuosos. Mientras estamos enfrascados allí, el tiempo vuela y nuestra mente se siente viva, dinámica, creativa, porque en un borrador nada es fijo.

En ese país de las tachaduras no estamos obligados a vestirnos con el inmaculado traje de los domingos, esas ropas exquisitas que nos impiden trabajar y divertirnos porque nos sentimos presionados por los resultados, la nota, o la etiqueta de apto o no apto, ignorando aspectos esenciales puestos en el asunto como por ejemplo la ilusión, el entusiasmo y el placer de habernos sentido activos, capaces.

Todos tenemos experiencias en las que hemos trabajado mucho y no hemos obtenido los resultados esperados o, peor aún, otros se han apuntado “el tanto”.
También sabemos de éxitos apabullantes concedidos a personas que ni tan siquiera han participado en el proyecto. Siendo así, ¿no sería mejor centrarnos más en el desarrollo personal, que siempre es nuestro, que en el rendimiento, que no deja de ser algo que depende más de otros: de los que juzgan, evalúan o “mandan”?

Disfrutemos pues de los procesos que nunca frustran y restemos importancia a ese éxito final supeditado a circunstancias ajenas a nosotros y que tantas veces resulta decepcionante.

El borrador, en definitiva, nos habla del atractivo de aprender, que no es otro que el de enriquecerse creando.

jueves, 1 de octubre de 2009

*La alegría de estar al margen

Por una vez, me encanta eso de ser tratada de forma diferente a mis colegas de profesión. Me refiero a la nueva ley anunciada por Esperanza Aguirre que pretende dar rango de autoridad pública al profesor. Los que trabajamos en concertada deberemos procurar ganarnos la autoridad de otra forma ya que no pertenecemos a la función pública.

Dice Hannah Arendt* que “se usa la fuerza cuando la autoridad fracasa”. La auténtica autoridad no puede nacer ni de la coacción ni de la persuasión porque los que obedecen deberían conservar su libertad. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que los estudiantes deben obedecer. En ensamblar con armonía obediencia y libertad está el arte de la educación.

Los que llevamos años compartiendo espacio y experiencias con alumnos, sabemos que la autoridad sana está unida al respeto, aprecio y valoración de la persona y su trabajo. Su significado genuino aparece en frases usuales de nuestra lengua como por ejemplo “Fulanito es una autoridad en la materia”, es decir, alguien competente, que sabe. Y desde su saber adquiere la capacidad de influir en los otros.

Yo quiero vivir en un mundo donde la autoridad sea fruto de la justicia y la sabiduría y no del miedo al castigo. Desearía colaborar en la construcción de relaciones cordiales donde los menores respeten a los adultos por lo que son, y los mayores se conviertan en modelos ejemplares dignos de admiración y respeto y no temidos, al estar respaldados por una ley quizá útil para reprimir conductas violentas e inadmisibles pero ¿nos ayudará en nuestro trabajo diario?

Me quedo con algo que aprendí de un compañero de la pública una tarde serena de otoño: “La autoridad en los centros educativos es la cercanía afectiva”.

*Hannah Arendt, "Entre el pasado y el futuro".

viernes, 11 de septiembre de 2009

*Desde el cuarto trastero del sentir

A veces la vida se salta las normas de la razón y decide quedarse con el lado emocional del alma que rompe con ese equilibrio tan sensato. En ese momento, el mundo desaparece y nace nuestro mundo, construido beso a beso en un acto infinito de reconciliación con la vida.

Desde el sentir no te asustan los monstruos de la infancia ni te atrapan los fantasmas del pasado. La luz que te inunda es tan poderosa que se hace insoportable para estos agujeros negros cosidos a tu espalda, y huyen despavoridos. Llega un momento que la carga se diluye y te elevas. Ya no sientes el peso de la vida como lo sentía Sísifo en su absurdo y cansino deambular monte arriba y monte abajo preguntándose todo el tiempo: ¿y tanto trajín para nada?

Desde el amor sólo se puede vivir a manos llenas sin perder un sólo minuto en memeces como mirar el teléfono móvil, porque además los ojos sólo ven la mirada del otro y en su trayectoria se unen las bocas en un acto de comunicación donde sobran las palabras. Las pieles se deslizan como peces de colores en un continuo sin equívocos ni malentendidos, sólo caricias sonrientes que te invitan a vivir a pecho descubierto, sin miedo a nada.

Y en este estado, ¿qué queda, sino pedir que no se quiebre? Porque todos sabemos lo que tiene eso del sentir, que es efímero y frágil, y cuando decide mustiarse lo que nos queda es la memoria. Recuerdos que suavicen los requiebros, y ensoñaciones que alumbren nuevos y anhelados encuentros.

lunes, 7 de septiembre de 2009

*El sillón del amor

El sillón del amor me habla cada noche suavecito, cuando ya los quehaceres cotidianos me abandonan, y entonces me abraza en silencio para pasar un ratito a solas conmigo. Él y yo, acurrucados muy juntos bajo un manto de estrellas embriagadas por nuestros besos de vino.

Momentos mágicos vividos para siempre, regalos de la vida que te visitan cada noche en la tenue calma de la oscuridad tardía.

Cuando estás contigo a solas, lo vivido siempre vuelve y te recuerda que realmente existió para que no te engañes cuando la razón te convence de que no fue así, o de que el olvido es mejor.

Mejor, peor, igual: valoraciones egocéntricas que nos desconectan de la vida tal vez, pero que nos ponen a salvo. ¿A salvo de qué? de la falsa seguridad, enfermiza herencia de esta modernidad individualista y liberal.

¡Sssshhh…! Deja de pensar y siente. Grita al viento sintiendo que estuviste allí, en ese lugar hijo del abrazo de dos egos diluidos para entrelazarse hasta la locura en la unicidad del Ser.

¡Uhmmm…! Me quedé dormida en los oníricos brazos del sillón del amor. Y al despertar, dos copas de vino vacías y un sillón dormido me revelaron que no todo había sido un sueño.

martes, 11 de agosto de 2009

*Desde el cuarto trastero del pensar

¿Por qué este empeño mío en vivir mayoritariamente en el mundo de la razón, del conocimiento, de las ideas, de la reflexión? Creo que la respuesta tiene que ver con eso que decía mi admirado Platón: en ese lugar todo es más estable. Mientras te mantienes ahí, entretenida por mil relaciones entre fenómenos, discursos y argumentos, estás a salvo.
¿A salvo de qué? ¿De quién? A salvo del flujo emocional que te apabulla y te somete rompiendo tu equilibrio.

En el mundo estático de las ideas vives la ilusión del control porque todo está donde lo dejas, y ahí te espera, sin pedir nada, sin exigir, para que lo manosees cómo y cuando mejor te venga en gana.
Por el contrario, lo emocional te embarga cuando quiere, no pide permiso, es insolente y rebelde, te descoloca y te invade, te atenaza y te acuchilla.
Pero cuando llevas un infinito de segundos con las palabras y te paras a sentir te das cuenta de que no sientes, que no te encuentras, que no percibes; incluso te asustas porque no sabes si tu corazón late o es todo un espejismo. Es la calma, el control, la estabilidad de lo inmutable. Hoy sé lo que significan estas palabras. Hoy he vivido la abstracción de los conceptos eternos.

Hace tiempo ya que me perdí entre las palabras y desconecté del sentir, así es como vivo la calma. Es algo placentero y atractivo que te da paz y autonomía, pero tiene un matiz de tristeza y pesadumbre. Algo que pesa me borra la sonrisa, se me agolpan recuerdos, algo vagos ya, de estados exultantes donde los picos asaltaban mi pecho como agujas.

El silencio me acompaña porque en el mundo de las palabras estás sola. Me apetece llorar. No sé por qué. Quisiera fundirme en un beso deseado de verdad.

martes, 4 de agosto de 2009

*Bailar los tiempos

Que el tiempo no me gane la partida,
ser libre para mirarte,
sentir mariposas en el estómago,
imaginar el sabor de tu boca,
desear besarte
querer ardientemente besarte
desearte, sí, sí, sí ....

Si no hay prisas será más fácil
saber qué siento en el silencio
de nuestros cuerpos pegados al sol
rompiendo el vacío crecido por el tiempo.

Tiempo que marca cada encuentro,
maldito tiempo que nos roba
el gusto de buscarnos tiento a tiento,
romper quiero con esta tiranía
de los tiempos modernos
y recuperar el ritmo natural del cuerpo;
que sea él quien me hable
y me guie con su criterio,
escuchar sus tonos, su melodía
palpitando de su mano será todo
más cierto que ganar tiempo.

Sentir sin tiempo,
contar con tiempo,
regar a tiempo
la flor del tiempo.

Templar los vientos,
estar atentos,
gozar muy lentos,
bailar los tiempos.

No permitiré que me presiones,
a tiempo te lo digo,
no marques mis tiempos
déjame libre, a mi paso
para escuchar sus pasos
para marcar los míos
sin tiempo, templados,
temblando los labios
te digo: te amo…
todo el tiempo.

lunes, 20 de julio de 2009

*La locura que envenena y contamina

Hoy quiero hablar de la locura. Pero no de esa “locura romántica” de la que todos alguna vez nos hemos embriagado, sino de la locura entendida como trastorno más o menos transitorio de nuestras facultades mentales y emocionales, y que nos lleva a realizar actos de insensatez o desatino. De esa locura quiero hoy hablar.

¿Por qué hablar de locura? Porque de pronto, un día se ven cosas que no suceden en realidad, se oyen palabras que no se pronunciaron, el “yo” se desata y emprende una batalla para controlar al otro. Se vigila su móvil, se cachea su ordenador, se envían hirientes mensajes anónimos a sus amigos, se persigue a esa “persona amada” como sea: en presencia, con llamadas, con mensajes, chantajes, amenazas, llantos, voces, rabietas, tensión, angustia, y todo... para evitar justamente lo que provocamos: la pérdida del otro.

Cuando sufrimos experiencias de este tipo, el miedo es el rey que a lomos del Caballo Dolor lo gobierna todo con la fuerza de un ciclón descontrolado, arrollador, destructivo, obsesivo, incansable, demoledor.
Estamos hablando, naturalmente, de los celos. Y me pregunto: ¿son los celos algo innato y universal, es decir, algo que ocurre en cualquier parte donde haya personas en relación, o son un fenómeno cultural que únicamente se da en ciertos tipos de sociedades? ¿Qué pensáis sobre ello?

Tras el envenenamiento de la locura queda la tristeza, la desilusión, el cansancio. Son las cenizas del después. Los labios callan, los ojos hablan, la luz del corazón se achica y crece la perplejidad mientras una pregunta te cimbrea el cerebro: ¿qué queremos decir cuando decimos a alguien “te quiero”?
¿Queremos decir: tengo derechos sobre tu vida; puedo herirte sin pensármelo dos veces; puedo incordiarte sin permiso; puedo decir cuanto salga por mi boca sin miramiento alguno; puedo pedirte y hasta exigirte lo que me plazca sin límites; puedo invadir tu corazón, tu casa, tu espacio, tu tiempo, tus pensamientos; puedo secuestrar tu libertad porque ya no eres dueña o dueño de ti, sino mío o mía, y todo justamente por eso, porque “te quiero”?

Y vuelvo a preguntarme: ¿es esto querer? ¿No es más bien un “ poder sobre el otro” que va creciendo y creciendo a costa del silencioso respeto de aquel que en nombre del “amor” ya no es respetado?

¡Ay, es tal la locura que corre que yo ya no sé si quiero que me quieran!

lunes, 29 de junio de 2009

*Te regalo

Te regalo mi sonrisa verde campo
el azul grisáceo de ese cielo plomizo
de esta tarde junto a ti
setenta minutos montado en mi bici
meciéndote al son de Enya.

Te regalo mi regazo sabroso
bordeado de tanta belleza
mojado por una lluvia de sentires
ocultos bajo una piel tejida
a golpe de síes que brotan
desde el ser porque en él somos
miles de años hace ya.

Te regalo el fuego amarillo primavera
que ilumina mi mirada
cada paso buscándote
soñándote cada luna
esperando junto a mi niña
que se haga el milagro.

Y esta suave melodía que me regala tu voz
me la dedico a mi.