Fue un día de Noviembre, dentro del I Foro “Juventud y violencia” de Torrijos, cuando nos invitaron a participar en la elaboración de un vídeo. La respuesta de mis alumnos fue:
-No, Carmen, que nos da vergüenza -respondieron todos.
-Lo entiendo -les dije-, pero creo que es una experiencia nueva y deberíais asumir el reto.
Después de cinco minutos se apuntaron seis alumnos.
Costó tres horas grabar las imágenes, estaban nerviosos, no les salía la voz; pero poco a poco, repitiendo una y otra vez, las frases se pronunciaban con más alegría, se iban metiendo en el papel, ellos mismos se autocorregían y nacían en su interior las ganas de hacerlo mejor.
Fue una tarde divertida, aprendimos el valor del trabajo en grupo, la alegría de compartir experiencias, el calor de apoyarnos los unos a los otros, de reírnos, de sentirnos acompañados y queridos.
Cuando el día de la inauguración del foro en el Palacio de Pedro I, vimos el resultado final en pantalla grande, nos quedamos todos asombrados, orgullosos, felices.
Creo no equivocarme si digo que se sintieron contentos de su trabajo, sobre todo por haber sido capaces de superar el miedo. Incluso, alguien del grupo se atrevió a animar a sus compañeros a vivir experiencias que implicaran enfrentarse a la vergüenza, a la timidez o, simplemente, a la apatía, entendiendo que ésta es la única forma de crecer.
